Autoridad religiosa

Cuando nos centramos en el tema especializado de la autoridad religiosa, la pregunta crucial es: ¿Existe alguna persona, institución o documento que tenga el derecho de hacer que se crea o se actúe en materia religiosa? En última instancia si existe un ser supremo superior a los humanos o algo más en el orden creado, tiene derecho a determinar lo que tenemos que creer y cómo debemos vivir. Desde el punto de vista cristiano, Dios es la autoridad en esta materia por ser quien es. Es el ser supremo, el que siempre ha sido, el que existía antes de que nosotros o cualquier otro ser apareciera. Es el único ser que tiene el poder de su existencia dentro de sí mismo, no depende de nadie ni de nada para existir. Es más, es la autoridad por lo que ha hecho. Nos ha creado al igual que ha creado todo lo que existe en el mundo y nos ha redimido. También es la autoridad por derecho, el que tiene derecho a decirnos lo que tenemos que creer y cómo tenemos que actuar, por su continua actividad en el mundo y en nuestras vidas. Hace que la creación siga existiendo. Sigue dándonos vida, nos cuida y proporciona recursos para nuestras necesidades.

En este punto surge otra pregunta: ¿Cómo ejercita Dios esta autoridad? ¿La ejerce directa o indirectamente? Algunos dirían que la mantiene directamente. Esos serían los neoortodoxos. Para ellos, la autoridad de Dios se ejercita a través de un acto directo de revelación, una automanifestación que es en realidad un encuentro inmediato entre Dios y la humanidad. La Biblia no es la palabra de Dios per se. Sólo es un instrumento, un objeto, a través del cual Dios habla o contacta con la gente. En estas ocasiones, la autoridad no es la Biblia, sino el Dios que se revela a sí mismo. No se ha atribuido ni infundido ninguna cualidad permanente a la Biblia. No ha habido delegación de autoridad.

Hay otros que creen que la autoridad de Dios se ejercita de forma directa. Entre ellos están varios tipos de “espiritualistas,” tanto antiguos como modernos. Son personas que esperan una palabra o guía directa de Dios. Según su punto de vista Dios habla a los individuos. Puede ser sobre algo que no está en la Biblia o como algo suplementario a ella. Algunos carismáticos extremistas creen en la revelación directa y especial de Dios. No obstante, no sólo encontramos aquí a los carismáticos. Una de las preguntas que planteó la encuesta de Gallup en 1979 fue: “¿Si usted mismo estuviera probando sus creencias religiosas, ¿Cuál de estas cuatro autoridades religiosas pondría en primer lugar?” Las opciones eran: lo que dice la iglesia, lo que dicen los líderes religiosos respetables, lo que me dice personalmente el Espíritu Santo y lo que dice la Biblia. El 27% contestó que el Espíritu Santo; el 40% que la Biblia. Entre las personas de entre dieciocho y veintinueve años de edad, sin embargo, un porcentaje más alto escogió el Espíritu santo (36%) frente a la Biblia (31%). Aunque un número considerable de cristianos consideran la obra directa del Espíritu Santo como su guía, el 27% del público en general y el 36% de los adultos jóvenes la consideran el principal criterio para evaluar sus creencias religiosas.

Otros ven la autoridad divina como algo que ha sido delegado a una persona o institución. El ejemplo principal es la iglesia católica romana. Se considera a la iglesia como la representante de Dios en la tierra. Cuando habla, habla con la misma autoridad que el Señor mismo. Según este punto de vista, el derecho a controlar los medios de gracia y definir la verdad en materia doctrinal ha sido delegado a los apóstoles y a sus sucesores. Es de la iglesia de la que debemos aprender cuáles son las intenciones de Dios para la humanidad. Aunque la iglesia no descubre una verdad nueva, hace explícito lo que estaba implícito en la tradición revelada recibida de los apóstoles originales.

Un punto de vista contemporáneo interesante es que la autoridad religiosa reside en los profetas presentes en la iglesia. A través de la historia varios movimientos han tenido este tipo de líderes proféticos. Mahoma creía que era un profeta especial enviado por Dios. Entre los anabaptistas del siglo XVI había profetas que ofrecían mensajes que supuestamente recibían de Dios. Parece que ha habido un resurgimiento de este tipo de personas y movimientos en los últimos años. Han surgido varias sectas, lideradas por líderes carismáticos que dicen haber recibido un mensaje especial de Dios. Sun Myung Moon y su Iglesia de la unificación son un claro ejemplo, pero hay otros muchos que también vienen a la mente. Incluso en la corriente principal del movimiento evangélico, mucha gente considera la palabra de algunos “predicadores famosos” prácticamente de igual valor que lo que dice la Biblia.

Nosotros proponemos que el mismo Dios es la suprema autoridad en materia religiosa. Tiene el derecho, por ser quién es y por lo que hace, de establecer el estándar de lo que hay que creer y practicar. Sin embargo, en lo que respecta a los temas principales no ejerce la autoridad de forma directa. Más bien delega esta autoridad creando un libro, la Biblia. Como contiene su mensaje, la Biblia tiene el mismo peso que Dios tendría si nos estuviera hablando a nosotros directamente.