La extensión de la salvación

La extensión de la salvación es una preocupación para aquellos que creen que la salvación afecta a los individuos y no a la sociedad. La cuestión es, ¿quién o cuántos miembros de la raza humana se salvarán?

1. La posición particularista considera que la salvación se basa en respuestas individuales a la gracia de Dios. Mantiene que no todos responderán afirmativamente a Dios; en consecuencia, algunos se perderán y otros se salvarán.

2. La posición universalista, por su lado, mantiene que Dios restablecerá la relación de los seres humanos con él para que ésta sea como se pretendía que fuera originalmente. Nadie se perderá. Hay dos variedades en la posición universalista. Se puede ser universalista siendo un particularista optimista. Es decir, se podría mantener a la vez que es necesario aceptar a Jesucristo personalmente para poder salvarnos y que todo el mundo lo hará. Sin embargo, desafortunadamente, no parece que en el pasado todos hayan aceptado a Cristo; además, muchísima gente ni siquiera tuvo la oportunidad de hacerlo. En consecuencia no es factible pensar que todos nos podemos salvar de esta manera, a menos que haya algún tipo de medio inconsciente mediante el cual las condiciones de la salvación se puedan cumplir. La posición universalista más común es asumir que al final Dios de alguna manera simplemente hará posible que todas las personas estén en comunión con él.

 

Variedades de universalismo

El universalismo ha tenido una larga historia. Orígenes fue probablemente su primer defensor destacado. Creía que el castigo de los malvados del que habla la Biblia no era una forma de eterno sufrimiento externo que Dios les infligía, sino una angustia temporal interna ocasionada por sentirse alejados de él. Su propósito es ser purificado. Ese fin se puede conseguir sin el castigo eterno. Así que el castigo de los malvados en un momento dado llegará a su fin, y todas las cosas volverán a su condición original. Esta es la doctrina del 'apokatastasisde Orígenes.

Aunque la forma de Orígenes de enseñar sobre la salvación universal ha sido la más popular, no ha sido la única. De hecho, también ha habido varias hipótesis sobre cómo la salvación podría estar disponible y ser conseguida por toda la raza humana (al menos en teoría):

1. La teoría de la conversión universal mantiene que todas las personas se salvarán según el camino que ha designado la Biblia: arrepentimiento y fe. Los defensores de esta idea creen que el mundo algún día será evangelizado con éxito; todas las personas responderán al evangelio y por lo tanto se salvarán. Sin embargo, el problema con esta teoría está en que millones de personas ya han vivido y muerto sin haber sido convertidas. La respuesta universal que se imagina es algo para el futuro. Por lo tanto, no hay garantía de salvación para todos, sino sólo para las personas que respondan en el futuro. Aquí no hay universalismo auténtico. Para ser realmente universalista, esta teoría debería combinarse con otra teoría o aspecto de alguna teoría.

2. La teoría de la expiación universal mantiene que Cristo murió no sólo por cierta porción de la raza humana (los elegidos), sino por todos los humanos. Esto no es verdadero universalismo, aunque a veces lo consideran como tal aquellos que defienden una expiación particular o limitada. Como los arminianos y los calvinistas que proponen la teoría de la expiación universal normalmente no creen que todos aquellos por los que Cristo se sacrificó vayan a creer (o que la expiación vaya a ser eficaz en todos los casos), hablan sólo de expiación universal, no de salvación universal. Sólo cuando esta teoría se interpreta según criterios externos y no según sus propios criterios se entiende como verdadero universalismo.

3. La teoría de la oportunidad universal mantiene que todas las personas durante su vida tienen la oportunidad de responder a Jesucristo de manera que puedan ser salvos. La oportunidad de ser salvos no queda limitada a los que escuchan el evangelio, a los que tienen la oportunidad de acceder a los conocimientos de la revelación especial. Todo el mundo, por estar expuesto a la revelación general de la que se habla en Salmos 19, Romanos 1 y 2 y en otras partes de las Escrituras, puede ejercitar implícitamente el requisito de la fe en Jesucristo. Una vez más, no es seguro que todo el mundo vaya a responder; la teoría de la oportunidad universal no es, pues, auténtico universalismo. Aunque todos pueden ejercer la fe, muchos no lo harán. Puede que haya cristianos anónimos, pero no son muchos. Este grupo no está formado por devotos fanáticos de otras religiones que tienen conflictos con los principios centrales del cristianismo. Más bien, los que se salvan a través de la revelación general son como los atenienses que adoraban al “dios no conocido” (Hch. 17:23).

4. La teoría de la oportunidad explícita mantiene que todos tendrán una oportunidad de oír el evangelio de manera abierta y explícita. Aquellos que no lo puedan hacer durante su vida en la tierra tendrán su oportunidad en el futuro. Habrá una segunda oportunidad. Tras la muerte, podrán escuchar. Algunos defensores de esta teoría creen que incluso los que han escuchado y rechazado se enfrentarán a las demandas de Cristo en la otra vida. Cuando esta creencia va unida a la idea de que todos los que tenga esa oportunidad sin duda la aceptarán, la conclusión inevitable es la salvación universal. Es difícil hacer compatible esta idea con las enseñanzas de Jesús sobre la vida tras la muerte (ver Lc. 16:19-31, especialmente v. 26).

5. La teoría de la reconciliación universal mantiene que la muerte de Cristo cumplió su propósito de reconciliar a toda la humanidad con Dios. La muerte de Cristo hizo posible que Dios aceptara a los humanos, y así lo hizo. En consecuencia, cualquier separación que hubiera entre el humano y los beneficios de la gracia de Dios es subjetiva por naturaleza; existe sólo en la mente del ser humano. El mensaje que hay que comunicar, pues, no es el de que existe una oportunidad para la salvación; sino el de que han sido salvados, y por lo tanto deben disfrutar de las bendiciones que ya son suyas. Los defensores de esta teoría dan una gran importancia a 2 Corintios 5:18: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación”. La reconciliación no es algo que va a ser; es un hecho cumplido.

6. La teoría del perdón universal mantiene que Dios, siendo un Dios de amor, no se mantendrá firme a las condiciones que ha establecido. Aunque ha amenazado con la condena eterna para todos los que no le acepten, al final no será intransigente y perdonará a todos. Según esto no es necesario ejercitar la fe. Dios tratará a todas las personas como si hubieran creído. Les imputara no sólo la justicia, sino también la fe. Aunque esto podría parecer injusto para los que sí han creído y han actuado para aceptar la salvación, deberían recordar la parábola de Jesús sobre los trabajadores y la viña. Los que vinieron tarde recibieron la misma paga que los que empezaron a trabajar pronto por la mañana.

7. La teoría de la recuperación universal fue expuesta por Orígenes. En algún momento del futuro, todas las cosas volverán a recobrar su estado original, el que se pretendía que tuvieran; habrá una salvación completa. La realidad existente será alterada o transformada. Es posible que Dios de forma instantánea lleve a la humanidad a un estado de perfección. Sin embargo, en la forma habitual de esta teoría que sigue el patrón de pensamiento de Orígenes el principio de la vida futura tiene una función de purgatorio. Cuando haya habido un periodo suficiente de castigo, la humanidad será purificada hasta el punto en el que Dios pueda estar en comunión con ellos para el resto de la eternidad.

 

Evaluando el universalismo

Ahora tenemos que observar detenidamente los argumentos específicos a favor del universalismo. No será posible examinar y evaluar cada una de las variedades del universalismo que hemos resumido. Sin embargo, hasta cierto punto como son teorías de la salvación universal están basadas en argumentos similares. Hay dos tipos generales de consideraciones que se aportan para apoyar la creencia de que la salvación es universal. Unas se basan o se relacionan con un texto particular de las Escrituras. Otras son de naturaleza más teológica. El segundo tipo de argumento lo presenta Nels Ferré.

Nacido en Suecia, Ferré era hijo de un predicador bautista muy conservador. Cuando era joven Nels tenía muchos problemas con lo que escuchaba decir a su padre desde el púlpito, especialmente con la idea de que los que no escuchasen el evangelio se perderían eternamente en el infierno. Su autobiografía breve “Third Conversion Never Fails ” (La tercera conversión nunca falla), describe sus crecientes inquietudes sobre la Biblia. Cuando al final reunió el valor suficiente para preguntar a su padre sobre estos asuntos, fue rechazado con una respuesta autoritaria: no se debe cuestionar a Dios. Cuando era adolescente viajó solo a Estados Unidos, donde abandonó el punto de vista ortodoxo. Más tarde se vio influenciado por los teólogos de la escuela lundensiana de su Suecia natal, que resaltaban el amor de Dios. Siguiendo su influencia, él construyó su propia teología basada en el pensamiento central del amor divino. En su consideración de la escatología, este concepto es poderoso y determinante.

Ferré señala que la mayoría de los enfoques sobre escatología resaltan la justicia de Dios. Aunque es verdad que Dios es justo, esta justicia, según Ferré, está completamente al servicio de su amor. Por tanto, Ferré basa su percepción de Dios en un único atributo divino. Preguntando por qué la gente insiste en enseñar y predicar sobre el concepto de un infierno eterno, sugiere que los que lo hacen es porque nunca han entendido realmente el amor de Dios. Basa sus conclusiones en la suposición de que el amor y el castigo, el cielo y el infierno, el gozo y el dolor se excluyen mutuamente:

"Algunos nunca han visto lo completamente contradictorias que son el cielo y el infierno como realidades eternas. Sus ojos nunca se han abierto a esta verdad. Si el infierno eterno es real, el amor queda frustrado eternamente y el cielo es un lugar de duelo y preocupación por los perdidos. Un gozo y una pena tal no pueden ir unidos. No puede haber un desdoblamiento psiquiátrico de personalidad para los verdaderos amantes de Dios y está claro que no para Dios. Por esta razón el cielo sólo puede ser cielo cuando haya vaciado el infierno, tan cierto como que el amor es amor y Dios es Dios. Dios no puede ser infiel a sí mismo no importa lo infieles que seamos nosotros; y Suyo es el poder, el reino y la gloria".

 

Al estudiar los pasajes escatológicos del Nuevo Testamento, Ferré encontró lo que consideraba eran tradiciones irreconciliables. Primero están los pasajes que enseñan que habrá un infierno eterno. Sin embargo, si Jesús mismo enseñó o no esa doctrina no está muy claro. Otra enseñanza en el Nuevo Testamento es el de los malvados que perecerán. Simplemente serán eliminados o aniquilados con la muerte. No se salvarán eternamente en el cielo ni serán castigados eternamente en el infierno. No obstante existe una tercera tradición que es lo que Ferré denomina: “la soberana victoria de Dios en Cristo sobre todas las cosas, en términos de Su propio amor”. Cita ciertos textos específicos cuando enseña que todos los seres humanos se salvarán: Dios “es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Ti. 4:10); “se doble toda rodilla...y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Fil. 2:10-11); “pues Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Ro. 11:32). Sin embargo, no fue un versículo específico el que llevó a Ferré a sus conclusiones finales sobre el tema:

"Pero todos estos versículos, en cualquier caso, por muchos que sean, y por muy claros, no son nada en comparación con el mensaje total del Nuevo Testamento... La lógica del Nuevo Testamento en su punto más alto o más profundo es la lógica del amor soberano de Dios, “por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.”... Los que adoran al Señor soberano se atreven a proclamar nada menos que la victoria total de Su amor. Ninguna otra posición puede ser coherentemente cristiana. Todas las demás posiciones limitan su bondad o su poder, en cada caso tanto el fundamentalismo como el liberalismo moderno tienen sus propias variedades de Dios finito".

Según estas consideraciones, Ferré llega a una posición universalista. Es significativo que su exposición de la escatología aparezca en un tratado sobre la doctrina de Dios, porque su forma de entender a Dios como amor es la que gobierna su interpretación de las Escrituras pertinentes y del tema en su conjunto. No dice que crea entender cómo se conseguirá la salvación universal. Simplemente hay que aceptar el hecho. Pero sea como sea el método, la soberanía del amor de Dios conducirá el proceso a la victoria total.

Al describir el punto de vista de Ferré, hemos mencionado varios textos que parecen asegurar o dejar implícito que la salvación es universal. También se citan otros versículos como apoyo al universalismo: “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación que produce vida” (Ro. 5:18); “Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Co. 15:22); “porque al Padre agradó que en él habitara toda la plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1:19-20); Jesús “fue hecho un poco menor que los ángeles, ...para que por la gracia de Dios experimentara la muerte por todos” (He. 2:9).

Sin embargo, si vamos a hacer teología sistemática, tenemos que tener también en consideración aquellos textos que sugieren una conclusión opuesta, y por tanto intentar reconciliar el material aparentemente contradictorio. Hay muchos textos que parecen contradecir el universalismo: “Irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt. 25:46); “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Jn. 3:16); “No os asombréis de esto, porque llegará la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno saldrán a resurrección de vida; pero los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Jn. 5:28-29); “¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción?” (Ro. 9:22). Se podrían citar muchos otros pasajes, entre ellos Mateo 8:12; 25:41; 26:24; Marcos 3:29; Romanos 2:5; 2 Tesalonicenses 1:9; Apocalipsis 21:8. De hecho, simplemente basándose en los números parece haber muchos más pasajes que enseñan que algunos se perderán eternamente que los que dicen que todos se salvarán.

¿Las contradicciones aparentes se pueden reconciliar? Una posibilidad planteada por los universalistas es considerar esos pasajes que sugieren que los impíos se perderán como descripciones de algo hipotético y no una situación real. Es decir, son descripciones de lo que sucedería si rechazáramos a Cristo. Pero, en realidad, nadie lo hace, porque los pasajes en cuestión son advertencia suficiente para hacer que nos volvamos hacia Cristo. Basándose en esto los universalistas pueden deshacerse de textos como Juan 3:16 y Mr. 3:29. Sin embargo, todavía quedan esos versículos que declaran que algunas personas realmente se perderán. Algunos ejemplos son Mateo 8:12; 25:41, 46 y Juan 5:29. Simplemente no podemos desechar estas referencias. ¿Tenemos pues que concluir, junto con Ferré, que hay tradiciones irreconciliables dentro del Nuevo Testamento?

Nos queda una alternativa: interpretar los pasajes universalistas de tal manera que encajen con los restrictivos. Este esfuerzo tiene más éxito. Observemos primero que Filipenses 2:10-11 y Colosenses 1:19-20 no dicen que todos se salvarán y recuperarán la comunión con Dios. Sólo hablan de restablecer el orden roto del universo, de hacer que todas las cosas se sometan a Dios. Pero esto se puede conseguir mediante una victoria que obligue a los rebeldes a someterse; no indica necesariamente que se vuelva realmente a tener una comunión con Dios. Nótese también que 1 Timoteo 4:10 y Hebreos 2:9 dicen únicamente que Cristo murió por todos o que ofreció salvación a todos. Estos versículos argumentan a favor de la expiación universal, pero no necesariamente a favor de la salvación universal. Además, Pablo en 1 Timoteo explícitamente distingue entre “aquellos que creen” y el resto de la humanidad.

Más problemáticos son los pasajes en los que se hace un paralelismo entre el efecto universal del pecado de Adán y la obra salvadora de Cristo, como por ejemplo, Romanos 5:18 y 1 Corintios 15:22. En el contexto de cada uno de estos pasajes, sin embargo, hay elementos que sirven para calificar la dimensión universal aplicable a la obra de Cristo. En el caso de Romanos 5, el versículo 17 especifica que “mucho más reinarán en vida por uno solo, Jesucristo, los que reciben la abundancia de la gracia y del don de la justicia”. Además, el término mucho ('polloi') en lugar de todos se utiliza en los versículos 15 a 19. Pablo de forma similar restringe el significado de “todos” en 1 Corintios 15:22 (“en Cristo todos serán vivificados”). Porque en el siguiente versículo añade: “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”. De hecho, había dejado claro anteriormente que estaba hablando de creyentes: “y si Cristo no resucitó...Entonces también los que murieron en Cristo perecieron” (vv. 17-18). Concluimos que los beneficios de la muerte de Cristo los reciben los que están en Cristo, de la misma manera que la pena por el pecado de Adán recae sobre los que están en Adán.

Todavía queda un pasaje universalista. Romanos 11:32 parece sugerir que Dios salva a todos: “Pues Dios sujetó a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos”. Sin embargo, en realidad la misericordia que Dios ha mostrado es la de dar a su Hijo como sacrificio y extender la oferta de salvación a todos, porque en este contexto Pablo está hablando del rechazo de Israel a Dios y de la oferta de salvación que a continuación Dios hizo a los gentiles. Dios ha mostrado su misericordia a todos los humanos, pero sólo aquellos que la acepten podrán experimentarla y aprovecharse de ella. De hecho, Pablo (por ejemplo en los versículos 7-10, 21-22) señala que algunos han rechazado la misericordia de Dios y por ello, no han recibido su salvación. Por lo tanto, aunque la salvación está a disposición universal, no es universal.

No todo el mundo se salvará. Esta no es una conclusión que nosotros establezcamos con satisfacción, pero es la más fiel a todo el testimonio bíblico. Debería ser un impulso para realizar esfuerzos evangelísticos:

¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Como está escrito: “¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Ro. 10:14-15).